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>> PROYECTO WALATA 
© Alfons Rodríguez  

Un Fantástico lugar en el desierto
  Al entrar por primera vez en Walata nos sorprende una mágica imagen de sus casas de adobe rojizas bellamente adornadas. Y es que es toda una experiencia descubrir el tacto árido y duro de sus construcciones mezclado con los colores y el silencio del desierto que la rodean.

La arquitectura de Walata nos demuestra su capacidad de adaptarse a un medio tan duro como el clima desértico sin perder el gusto por la ornamentación y la filigrana estética. Su casco urbano, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, es un buen ejemplo de ello.

Cada uno de los elementos urbanísticos de Walata responde a una cierta vocación urbana. Recorriendo la localidad vemos restos de su antigua muralla y diferentes rihab o placitas con un pozo central donde confluyen los estrechos callejones walatíes. Y no dejamos de lado las zullaylat: una especie de callejones cubiertos situados en lugares ventilados de la ciudad que pretenden ser un punto de reunión, de refresco y reposo frente al calor para todos sus habitantes. A parte de esto, una completa descripción de la arquitectura de Walata no puede dejar de lado sus barrios periféricos y algunos edificios administrativos y militares propios de la ciudad fronteriza que es.

Tampoco no podemos dejar de referir la Batha, o presa, donde se recoge el agua de las lluvias y donde van a beber los rebaños de camellos, cabras y vacas de los habitantes de Walata y de los campamentos nómadas de los alrededores.

El color de las casas de Walata destaca especialmente a los ojos de los turistas que visitan la ciudad. Es fruto de una mezcla que recubre la mampostería de las construcciones y que se hace a base de mortero de barro, bosta de vaca, agua y pigmento de oligisto. Pero estos edificios son también interesantes por su estructura, en la que la funcionalidad es la protagonista principal. Así, los ebembi o gruesos escaños que refuerzan las fachadas de las casas tienen por objetivo proteger a las paredes de la erosión y funcionan también como asiento propicio a la conversación y son utilizados por la población como lugar de encuentro al atardecer.

La distribución de los espacios de la casa tradicional walatí, que normalmente se divide en dos plantas, responde al siguiente esquema:

La entrada o fachada decorada
El-hawsh, o patio.
Kettu, o estancia de invierno.
Segfe, o cámara interior.
Derb, o sala de verano.
Almerazem , o almazem.
Stahj, o azotea.
Surur stahj, o terraza mayor.
El-Qerb, o habitación alta.

       

 

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Proyecto realizado por: Con la colaboración de:
  FNSAV Fundació Solidaritat UB              
Con el apoyo de:
Agencia Española de Cooperación Internacional
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